Obras por series
ALLÁ LEJOS (2000 - 2002)
Retorno a la figura de la mujer. Proceso reflexivo, con los viajes en el recuerdo: se mantiene la idea del mestizaje.
Toda la obra anterior a la serie Allá Lejos, iniciada a partir de 1980, nacía de la experiencia del viaje: Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, París, Londres, Turquía, Kurdistán, Albania, Macedonia (actual Macedonia del Norte), Kosovo, Siria y Jordania, reflejando en ella la figura y rostro de la mujer árabe y su vestimenta (series Fetitxes andalusís [1982], Deessa Màscara [1984] y Malhafa [1989]), la vida cotidiana de su población en su lugar de origen o de destino, como inmigrantes, en París y Londres (series Espills d’un jardí [1991 - 1992] y Gouttes d’or dans la ville [1993] ), la dificultosa travesía del migrante y retazos de la vida que desarrolla en su lugar o distintos lugares de destino, como la huerta de Valencia o Roquetas de Mar (serie Dormir al ras [1994 - 1996]), o el éxodo de los albaneses ante las dificultades de vida en su país tras el cambio de su sistema político y la situación de guerra de su entorno, inmerso en las llamadas «guerras yugoslavas» (serie Apuntes Albaneses [1997]).
Tras las tres primeras de la década de los 80, a partir de la serie Espills d’un jardí se desarrolla en Enric Alfons una voluntad narrativa sobre las temáticas aludidas, fruto de un compromiso personal hacia las personas y colectivos que viven en esas zonas y circunstancias, y una necesidad de captar el instante valiéndose para ello de las pequeñas tablillas de madera que transporta y pinta in situ.
La espontaneidad en la pincelada, las formas simplificadas, el dinámico vaivén entre primitivismo, expresionismo, abstracción y figuración son -junto con la incorporación de palabras, pictogramas y símbolos- elementos que derivan de esa imperiosa necesidad de contar lo que ve y cómo lo ve. La crítica de arte ha destacado la maestría y fluidez de Alfons en el uso del color, sea recurriendo a una paleta más o menos colorista, de tonos vivos y alegres, sea empleando tonalidades sombrías y apagadas, reforzando con ello poderosamente lo narrado y trasladando al espectador sus emociones ante el ambiente y experiencia vividos en cada caso.
La nueva serie nace tres años después de la anterior; con ella su obra experimenta un cambio significativo, motivado por una implicación con la familia tras su estrenada paternidad que conlleva prácticamente el abandono de su actividad viajera, tan vinculadas a su expresión artística. Existe sin embargo simultánea, y paradójicamente, una continuidad.
El propio Enric Alfons expone una vez más las claves de su nuevo trabajo: «tuve la necesidad de parar, de reflexionar, replantearme mi obra. Estas piezas que ahora exhibo no obedecen a un viaje, sino que nacen del conocimiento que he adquirido en años anteriores, con mis viajes […] soy padre desde hace poco y eso me ha influido …[1]». «… A partir de ese bagaje [del viaje y del diario que suponen las tablillas], trato de pintar desde cero […] necesito que la obra sea más reflexiva […] sigo con la idea del mestizaje».[2]
Sus influencias son claras: Dubuffet, art brut, arte africano, así como, según expresa, el arte oriental, en particular el japonés. No obstante, al hablar de ello, vuelve a invocar la literatura como su principal fuente de inspiración, si acaso con más sentido y fuerza, ya que se encuentra en un momento de mayor reflexión. Menciona a Goytisolo y a Paul Bowles, tan vinculados ambos, en vida y obra, con el norte de África y sobre todo con Marruecos.
Aunque la serie Allá Lejos fue concebida en un primer momento como parte de la serie Titelles -de hecho, hay en ella elementos de ese conjunto de obras- pronto adquirió entidad propia por la relevancia de la temática que contempla: la familia y, sobre todo, la mujer.
Es una vuelta a la figuración femenina, en la que la mujer aparece representada como un ser poderoso y como centro en torno al cual gira todo, sea en su papel de madre o en otros roles. Su rededor da idea del bagaje, proceso reflexivo y mestizaje del que hablaba: encontramos al padre, pero también un rostro africano que nos mira, un inmigrante recogiendo frutas, zapatillas (como las de la serie Dormir al Ras, formando parte de los restos de un naufragio), vasijas de lejanas aldeas africanas…; como señalaba Juan Bautista Peiró,[3] «una vez más, demuestra su persistente capacidad para entrecruzar complejamente una serie de hilos disímiles hasta tejer un horizonte que nos atrapa fascinados en un primer vistazo, nos obliga a detenernos minuciosamente en los detalles, y seguimos repensando».
Las vivencias recordadas del pasado se unen a su presente en familia. Así, podría argumentarse que, manteniéndose fiel a su compromiso con el mundo norteafricano y oriental, especialmente con el migrante que huye de la pobreza y el conflicto, asoma ahora un nuevo compromiso, más íntimo y más bien ligado a la noción de «responsabilidad».
De hecho, podemos afirmar que el nombre de la serie Allá Lejos hace referencia tanto a la añoranza que el inmigrante siente por su pueblo -tierra y gente-, como a la nostalgia que él mismo siente por aquellos mundos a los que ahora es incapaz de desplazarse.
En cuanto a aspectos estilísticos y formales se señala cómo la mujer se presenta abstracta y remarcada, como otras figuras, por una pincelada gruesa[4]. En comparación con las series de los años 80, el rostro se reviste ahora de mayor delicadeza y expresividad y se trata con mayor preciosismo.
Estamos, por tanto, ante una nueva etapa que, sin embargo, no implica el abandono de las claves de su lenguaje plástico, madurado entre la gestualidad, la riqueza cromática y la densidad de la pincelada.[5]
Los lienzos se llenan de tonos más luminosos y llamativos y observamos una mayor riqueza cromática en cada uno de ellos. Como novedad, el fondo del cuadro se organiza a menudo en recuadros de diferente color, o adopta las características de un tapiz o alfombra bereber, creando así espacios diferenciados para cada componente de la narrativa.
Las principales exposiciones individuales realizadas en esta etapa son: Allá Lejos, en la Galería Rafael García, Madrid, diciembre 2001- febrero 2002, y en la Galería Rosalía Sender, Valencia, en marzo - abril 2003.
[1] Artículo «Enric Alfons expone de nuevo en Valencia tras cinco años de silencio», de C. Aimeur, en las Las Provincias, 7 de marzo de 2003.
[2] Artículo «Enric Alfons: “Trato de pintar partiendo de cero”», de R.V.M., en Levante, 8 de marzo de 2003.
[3] Artículo «Riqueza de recursos. ENRIC ALFONS», de Juan Bta. Peiró, en Levante, 21de marzo de 2003.
[4] Artículo «La mujer, el mestizaje, el arte», de Rafa Soria Domínguez, en El Diario de Valencia, 8 de marzo de 2003.
[5] Artículo «Enric Alfons, serie “Allá Lejos”», en El Punto de las artes, 14 al 20 de marzo de 2003.
Toda la obra anterior a la serie Allá Lejos, iniciada a partir de 1980, nacía de la experiencia del viaje: Marruecos, Argelia, Mauritania, Túnez, París, Londres, Turquía, Kurdistán, Albania, Macedonia (actual Macedonia del Norte), Kosovo, Siria y Jordania, reflejando en ella la figura y rostro de la mujer árabe y su vestimenta (series Fetitxes andalusís [1982], Deessa Màscara [1984] y Malhafa [1989]), la vida cotidiana de su población en su lugar de origen o de destino, como inmigrantes, en París y Londres (series Espills d’un jardí [1991 - 1992] y Gouttes d’or dans la ville [1993] ), la dificultosa travesía del migrante y retazos de la vida que desarrolla en su lugar o distintos lugares de destino, como la huerta de Valencia o Roquetas de Mar (serie Dormir al ras [1994 - 1996]), o el éxodo de los albaneses ante las dificultades de vida en su país tras el cambio de su sistema político y la situación de guerra de su entorno, inmerso en las llamadas «guerras yugoslavas» (serie Apuntes Albaneses [1997]).
Tras las tres primeras de la década de los 80, a partir de la serie Espills d’un jardí se desarrolla en Enric Alfons una voluntad narrativa sobre las temáticas aludidas, fruto de un compromiso personal hacia las personas y colectivos que viven en esas zonas y circunstancias, y una necesidad de captar el instante valiéndose para ello de las pequeñas tablillas de madera que transporta y pinta in situ.
La espontaneidad en la pincelada, las formas simplificadas, el dinámico vaivén entre primitivismo, expresionismo, abstracción y figuración son -junto con la incorporación de palabras, pictogramas y símbolos- elementos que derivan de esa imperiosa necesidad de contar lo que ve y cómo lo ve. La crítica de arte ha destacado la maestría y fluidez de Alfons en el uso del color, sea recurriendo a una paleta más o menos colorista, de tonos vivos y alegres, sea empleando tonalidades sombrías y apagadas, reforzando con ello poderosamente lo narrado y trasladando al espectador sus emociones ante el ambiente y experiencia vividos en cada caso.
La nueva serie nace tres años después de la anterior; con ella su obra experimenta un cambio significativo, motivado por una implicación con la familia tras su estrenada paternidad que conlleva prácticamente el abandono de su actividad viajera, tan vinculadas a su expresión artística. Existe sin embargo simultánea, y paradójicamente, una continuidad.
El propio Enric Alfons expone una vez más las claves de su nuevo trabajo: «tuve la necesidad de parar, de reflexionar, replantearme mi obra. Estas piezas que ahora exhibo no obedecen a un viaje, sino que nacen del conocimiento que he adquirido en años anteriores, con mis viajes […] soy padre desde hace poco y eso me ha influido …[1]». «… A partir de ese bagaje [del viaje y del diario que suponen las tablillas], trato de pintar desde cero […] necesito que la obra sea más reflexiva […] sigo con la idea del mestizaje».[2]
Sus influencias son claras: Dubuffet, art brut, arte africano, así como, según expresa, el arte oriental, en particular el japonés. No obstante, al hablar de ello, vuelve a invocar la literatura como su principal fuente de inspiración, si acaso con más sentido y fuerza, ya que se encuentra en un momento de mayor reflexión. Menciona a Goytisolo y a Paul Bowles, tan vinculados ambos, en vida y obra, con el norte de África y sobre todo con Marruecos.
Aunque la serie Allá Lejos fue concebida en un primer momento como parte de la serie Titelles -de hecho, hay en ella elementos de ese conjunto de obras- pronto adquirió entidad propia por la relevancia de la temática que contempla: la familia y, sobre todo, la mujer.
Es una vuelta a la figuración femenina, en la que la mujer aparece representada como un ser poderoso y como centro en torno al cual gira todo, sea en su papel de madre o en otros roles. Su rededor da idea del bagaje, proceso reflexivo y mestizaje del que hablaba: encontramos al padre, pero también un rostro africano que nos mira, un inmigrante recogiendo frutas, zapatillas (como las de la serie Dormir al Ras, formando parte de los restos de un naufragio), vasijas de lejanas aldeas africanas…; como señalaba Juan Bautista Peiró,[3] «una vez más, demuestra su persistente capacidad para entrecruzar complejamente una serie de hilos disímiles hasta tejer un horizonte que nos atrapa fascinados en un primer vistazo, nos obliga a detenernos minuciosamente en los detalles, y seguimos repensando».
Las vivencias recordadas del pasado se unen a su presente en familia. Así, podría argumentarse que, manteniéndose fiel a su compromiso con el mundo norteafricano y oriental, especialmente con el migrante que huye de la pobreza y el conflicto, asoma ahora un nuevo compromiso, más íntimo y más bien ligado a la noción de «responsabilidad».
De hecho, podemos afirmar que el nombre de la serie Allá Lejos hace referencia tanto a la añoranza que el inmigrante siente por su pueblo -tierra y gente-, como a la nostalgia que él mismo siente por aquellos mundos a los que ahora es incapaz de desplazarse.
En cuanto a aspectos estilísticos y formales se señala cómo la mujer se presenta abstracta y remarcada, como otras figuras, por una pincelada gruesa[4]. En comparación con las series de los años 80, el rostro se reviste ahora de mayor delicadeza y expresividad y se trata con mayor preciosismo.
Estamos, por tanto, ante una nueva etapa que, sin embargo, no implica el abandono de las claves de su lenguaje plástico, madurado entre la gestualidad, la riqueza cromática y la densidad de la pincelada.[5]
Los lienzos se llenan de tonos más luminosos y llamativos y observamos una mayor riqueza cromática en cada uno de ellos. Como novedad, el fondo del cuadro se organiza a menudo en recuadros de diferente color, o adopta las características de un tapiz o alfombra bereber, creando así espacios diferenciados para cada componente de la narrativa.
Las principales exposiciones individuales realizadas en esta etapa son: Allá Lejos, en la Galería Rafael García, Madrid, diciembre 2001- febrero 2002, y en la Galería Rosalía Sender, Valencia, en marzo - abril 2003.
[1] Artículo «Enric Alfons expone de nuevo en Valencia tras cinco años de silencio», de C. Aimeur, en las Las Provincias, 7 de marzo de 2003.
[2] Artículo «Enric Alfons: “Trato de pintar partiendo de cero”», de R.V.M., en Levante, 8 de marzo de 2003.
[3] Artículo «Riqueza de recursos. ENRIC ALFONS», de Juan Bta. Peiró, en Levante, 21de marzo de 2003.
[4] Artículo «La mujer, el mestizaje, el arte», de Rafa Soria Domínguez, en El Diario de Valencia, 8 de marzo de 2003.
[5] Artículo «Enric Alfons, serie “Allá Lejos”», en El Punto de las artes, 14 al 20 de marzo de 2003.
S/T (Álex cumple 4 meses), 2000
Óleo/tabla, 30 x 30 cm
S/T (Álex cumple 4 meses), 2000
Óleo/tabla, 30 x 30 cm
S/T (Allá lejos), 2000
Óleo/tabla, 38 x 52 cm
S/T (Allá lejos), c.2000
Óleo/tela, 27 x 35 cm
Allá lejos, 2001
Óleo/tabla, 38 x 52 cm
S/T (serie Allá lejos), c.2001
Óleo/tela, 92 x 73 cm
S/T (serie Allá lejos), 2001
Óleo/tela, 92 x 73 cm
S/T (serie Allá lejos), 2001
Óleo/tela, 92 x 73 cm
Allá lejos, 2001
Óleo/tela, 97 x 130 cm
S/T (serie Allá lejos), 2001
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (serie Allá lejos), c.2001-2002
Óleo/tabla, 30 x 30 cm
Allá lejos, c.2001-2002
Óleo/tela, 146 x 114 cm
S/T (serie Allá lejos), c.2002
Óleo/tela, 92 x 92 cm
S/T (serie Allá lejos), 2002
Óleo/tela, 180 x 200 cm
S/T (serie Allá lejos), c.2001-2002
Óleo/tela, 65 x100 cm
S/T (serie Allá lejos), c.2001-2004
Óleo/tela, 65 x 92 cm