Obras por series
ESPILLS D’UN JARDÍ (1991 - 1992) Y GOUTTES D'OR DANS LA VILLE (1993)
Protagonismo del instante, incorporación de voluntad narrativa y aplicación de nuevas técnicas.
Tras la etapa anterior que abarca toda la década de los ochenta y que viene definida por Fetitxes andalusís, Deessa Màscara y Malhafa, sus tres series en torno a la figura de la mujer en el mundo árabe, una nueva fase se inicia en la pintura de Enric Alfons.
Se siente atraído por la autenticidad de la vida de la población local de los lugares que va conociendo, una existencia basada en la reciprocidad y en la cooperación en torno a una economía de subsistencia, en los lazos de parentesco, y con un desarrollo cultural y espiritual de gran riqueza. Complementariamente, lee y estudia libros sobre antropología, cultura, religión, arte, etc. del Sahara, África Subsahariana y Oriente Próximo. También encuentra referencias en los escritos de Juan Goytisolo, tan vinculado con París y con el mundo árabe desde los años sesenta: «quién más me ha influido ha sido Goytisolo», declarará[1].
Mantiene sus desplazamientos por todo el norte de África, incluida Mauritania, pero extendiendo ahora su campo de investigación en dos direcciones muy diferentes: el Kurdistán turco (julio de 1991), recién finalizada la Guerra del Golfo, que acababa de acoger a un millón de kurdos iraquíes y donde encuentra un ambiente tenso y plagado de armas, en el que a veces solo podía tomar notas; y París y Londres, donde se centra en la población migrante (observando y explorando y cómo se desenvuelve en este entorno y enriquece a esas ciudades, que cambian su idiosincrasia por su presencia), y pone de manifiesto la riqueza que aporta la diversidad[2]. En Londres busca el contacto con refugiados políticos kurdos para aprender de su cultura y conocer su situación.
E.J. Martínez Alfonso[3] nos describe de una manera muy descriptiva la actividad y los ambientes de París por los que se mueve el pintor: el contacto con los marabouts africanos, sus desplazamientos hasta la parada de metro de Barbès para sumergirse en las callejuelas de la Goutte d’Or, la multitud ruidosa en medio del mercadeo de ropa usada y baratijas, los alrededores de Tati, un centro comercial donde buscar gangas, las tiendas de música y vídeos de sonidos multiétnicos, la presencia de tintoreros soninkes mezclados con turistas, costureros senegaleses ubicados junto a elegantísimas boutiques… Y cómo los domingos por la tarde, mujeres africanas envueltas en sus mejores galas multicolores de finas telas pueblan, junto con sus hijos, los jardines y cafetines de la zona del dix-hutième arrondissement.
Un ambiente también evocado por Josep Lozano en su bello relato «Walata», dedicado a Enric Alfons[4], en el que, con el punto de vista cambiado, seguimos los pasos, pensamientos y añoranzas de un joven mauritano afincado en París, que contiene numerosos guiños a los momentos, lugares y motivos reflejados en los cuadros y tablillas del pintor: el dimanche après-midi de la población inmigrante, Barbès, y la Goutte d’Or, Nuakchot y Djajibini, la decoración en el interior de las casas mauritanas … Una vez más, la escritura acompañando a la pintura.
En diversas entrevistas Enric Alfons nos da pistas para entender las nuevas temáticas, técnicas y estilo que adopta: «descubro un mundo totalmente diferente […] me he planteado una nueva etapa. Se introduce una voluntad narrativa…». Quiere plasmar «instantáneas de la vida cotidiana, según la observo […] abro la maleta y pinto […] Es una actividad frenética, más intuitiva que reflexiva». (ver nota 1). Existe una necesidad de atrapar y describir el momento, un deseo de trasladar a su pintura la atmósfera, el ambiente, la luz, los colores y la fuerza y profundidad de las experiencias que vive.
Así, el relato deja de ser atemporal y de referirse en general al mundo y cultura árabes, como ocurría en sus etapas anteriores, para situarse en momentos cronológicos y lugares concretos. En sus nuevas creaciones aparece una multiplicidad figurativa, en actividad y movimiento, en ocasiones más descriptiva y en otras, más abstracta, simples estructuras recurrentes que apuntan un lugar, movimiento en el ambiente, acumulación de objetos o personas[5].
Además, por esa necesidad de atrapar el instante, retoma de su etapa de estudiante el método de pintar in situ en pequeñas tablillas de madera, remedando así la técnica plenairista tan utilizada por los impresionistas.
En relación con este periodo, los expertos y críticos de arte mencionados destacan la mayor libertad de la gestualidad, el gran protagonismo del juego cromático, la representación de formas más elementales y simplificadas y una síntesis de texturas y colores que tiene como fin mostrar, no ya figuras o formas típicas, sino más bien atmósferas y ambientes que ayuden al espectador a desarrollar una nueva mirada sobre lo diverso.
Las exposiciones principales de esta etapa son: Espills d’un jardí, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Bancaja, en Valencia, en enero-febrero de 1992; Pinturas, en la galería Cromo de Alicante, en diciembre de 1992, y Gouttes d’Or dans la ville en la galería Rosalía Sender de Valencia, en febrero-marzo de 1993.
Destacamos asimismo tres de las exposiciones colectivas en las que Alfons participó con obras de estas series: De mar a mar, organizada en 1993 por la Facultat de Belles Arts de San Carles (U.P.V.) y Southampton Institute of Higher Education; Encuentros en el Zócalo, organizada en el mismo año por la la Facultat de Belles Arts de San Carles (U.P.V) y la Escuela Nacional de Artes Plásticas (U.N.A.M. de México), y Encrucijadas mediterráneas, viajes y errares, organizada en el año 2000 por la Diputació de València.
[1] Entrevista de R. Ventura Meliá a Enric Alfons, Levante, 21 de enero de 1992.
[2] Artículo de C.D.M. «El rojo vital», Levante, 26 de febrero de 1993.
[3] E.J. Martínez Alfonso «Anécdotas de un nómada», folleto de la exposición Gouttes d’or dans la ville, Galería Rosalía Sender, Valencia, febrero-marzo 1993.
[4] Relato insertado en el catálogo de la exposición Espills d’un jardí, Obra Cultural Bancaja, enero/febrero 1992.
[5] Texto de Román de la Calle «Enric Alfons: la llamada del sur…» en el Catálogo de la exposición Espills d’un jardí, Obra Cultural Bancaja, enero/febrero 1992.
Tras la etapa anterior que abarca toda la década de los ochenta y que viene definida por Fetitxes andalusís, Deessa Màscara y Malhafa, sus tres series en torno a la figura de la mujer en el mundo árabe, una nueva fase se inicia en la pintura de Enric Alfons.
Se siente atraído por la autenticidad de la vida de la población local de los lugares que va conociendo, una existencia basada en la reciprocidad y en la cooperación en torno a una economía de subsistencia, en los lazos de parentesco, y con un desarrollo cultural y espiritual de gran riqueza. Complementariamente, lee y estudia libros sobre antropología, cultura, religión, arte, etc. del Sahara, África Subsahariana y Oriente Próximo. También encuentra referencias en los escritos de Juan Goytisolo, tan vinculado con París y con el mundo árabe desde los años sesenta: «quién más me ha influido ha sido Goytisolo», declarará[1].
Mantiene sus desplazamientos por todo el norte de África, incluida Mauritania, pero extendiendo ahora su campo de investigación en dos direcciones muy diferentes: el Kurdistán turco (julio de 1991), recién finalizada la Guerra del Golfo, que acababa de acoger a un millón de kurdos iraquíes y donde encuentra un ambiente tenso y plagado de armas, en el que a veces solo podía tomar notas; y París y Londres, donde se centra en la población migrante (observando y explorando y cómo se desenvuelve en este entorno y enriquece a esas ciudades, que cambian su idiosincrasia por su presencia), y pone de manifiesto la riqueza que aporta la diversidad[2]. En Londres busca el contacto con refugiados políticos kurdos para aprender de su cultura y conocer su situación.
E.J. Martínez Alfonso[3] nos describe de una manera muy descriptiva la actividad y los ambientes de París por los que se mueve el pintor: el contacto con los marabouts africanos, sus desplazamientos hasta la parada de metro de Barbès para sumergirse en las callejuelas de la Goutte d’Or, la multitud ruidosa en medio del mercadeo de ropa usada y baratijas, los alrededores de Tati, un centro comercial donde buscar gangas, las tiendas de música y vídeos de sonidos multiétnicos, la presencia de tintoreros soninkes mezclados con turistas, costureros senegaleses ubicados junto a elegantísimas boutiques… Y cómo los domingos por la tarde, mujeres africanas envueltas en sus mejores galas multicolores de finas telas pueblan, junto con sus hijos, los jardines y cafetines de la zona del dix-hutième arrondissement.
Un ambiente también evocado por Josep Lozano en su bello relato «Walata», dedicado a Enric Alfons[4], en el que, con el punto de vista cambiado, seguimos los pasos, pensamientos y añoranzas de un joven mauritano afincado en París, que contiene numerosos guiños a los momentos, lugares y motivos reflejados en los cuadros y tablillas del pintor: el dimanche après-midi de la población inmigrante, Barbès, y la Goutte d’Or, Nuakchot y Djajibini, la decoración en el interior de las casas mauritanas … Una vez más, la escritura acompañando a la pintura.
En diversas entrevistas Enric Alfons nos da pistas para entender las nuevas temáticas, técnicas y estilo que adopta: «descubro un mundo totalmente diferente […] me he planteado una nueva etapa. Se introduce una voluntad narrativa…». Quiere plasmar «instantáneas de la vida cotidiana, según la observo […] abro la maleta y pinto […] Es una actividad frenética, más intuitiva que reflexiva». (ver nota 1). Existe una necesidad de atrapar y describir el momento, un deseo de trasladar a su pintura la atmósfera, el ambiente, la luz, los colores y la fuerza y profundidad de las experiencias que vive.
Así, el relato deja de ser atemporal y de referirse en general al mundo y cultura árabes, como ocurría en sus etapas anteriores, para situarse en momentos cronológicos y lugares concretos. En sus nuevas creaciones aparece una multiplicidad figurativa, en actividad y movimiento, en ocasiones más descriptiva y en otras, más abstracta, simples estructuras recurrentes que apuntan un lugar, movimiento en el ambiente, acumulación de objetos o personas[5].
Además, por esa necesidad de atrapar el instante, retoma de su etapa de estudiante el método de pintar in situ en pequeñas tablillas de madera, remedando así la técnica plenairista tan utilizada por los impresionistas.
En relación con este periodo, los expertos y críticos de arte mencionados destacan la mayor libertad de la gestualidad, el gran protagonismo del juego cromático, la representación de formas más elementales y simplificadas y una síntesis de texturas y colores que tiene como fin mostrar, no ya figuras o formas típicas, sino más bien atmósferas y ambientes que ayuden al espectador a desarrollar una nueva mirada sobre lo diverso.
Las exposiciones principales de esta etapa son: Espills d’un jardí, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Bancaja, en Valencia, en enero-febrero de 1992; Pinturas, en la galería Cromo de Alicante, en diciembre de 1992, y Gouttes d’Or dans la ville en la galería Rosalía Sender de Valencia, en febrero-marzo de 1993.
Destacamos asimismo tres de las exposiciones colectivas en las que Alfons participó con obras de estas series: De mar a mar, organizada en 1993 por la Facultat de Belles Arts de San Carles (U.P.V.) y Southampton Institute of Higher Education; Encuentros en el Zócalo, organizada en el mismo año por la la Facultat de Belles Arts de San Carles (U.P.V) y la Escuela Nacional de Artes Plásticas (U.N.A.M. de México), y Encrucijadas mediterráneas, viajes y errares, organizada en el año 2000 por la Diputació de València.
[1] Entrevista de R. Ventura Meliá a Enric Alfons, Levante, 21 de enero de 1992.
[2] Artículo de C.D.M. «El rojo vital», Levante, 26 de febrero de 1993.
[3] E.J. Martínez Alfonso «Anécdotas de un nómada», folleto de la exposición Gouttes d’or dans la ville, Galería Rosalía Sender, Valencia, febrero-marzo 1993.
[4] Relato insertado en el catálogo de la exposición Espills d’un jardí, Obra Cultural Bancaja, enero/febrero 1992.
[5] Texto de Román de la Calle «Enric Alfons: la llamada del sur…» en el Catálogo de la exposición Espills d’un jardí, Obra Cultural Bancaja, enero/febrero 1992.
S/T (serie Espills d'un jardí), c.1990
Óleo/tela, 72 x 93 cm
Jardín, s.f., c.1991
Óleo/tela, 100 x 65 cm
Jardín, c.1991
Óleo/tela, 130 x 110 cm
Jardín, 1991
Óleo y grafito/papel, 100 x 70 cm
Jardín, 1991
Óleo y grafito/papel, 100 x 70 cm
Jardín, 1991
Óleo y grafito/papel, 70 x 100 cm
Jardín, 1991
Carboncillo y cera/papel, 70 x 100 cm
Djajibini, 1991
Díptico. Óleo/tela, 200 x 360 cm
S/T (Estudio para Djajibini), 1991
Óleo/tela, 81 x 130 cm
S/T (Estudio para Djajibini), 1991
Óleo/tela, 92 x 73 cm
Dimanche après-midi, 1991
Óleo/tela, 160 x 200 cm
Dimanche après-midi, 1991
Óleo/tela, 81 x130 cm
Dimanche-après-midi, 1991
Óleo, carboncillo y pastel/tela, 200 x 180 cm
Dimanche après-midi, 1991
Óleo, grafito y lápiz/papel, 70 x 100 cm
Dimanche après-midi, 1991
Técnica mixta/papel, 70 x 100 cm
Disentería, 1991
Técnica mixta/papel, 70 x 100 cm
Disentería, 1991
Óleo/tela, 160 x 200 cm
S/T (serie Espills d'un jardí), c.1991
Tríptico. Óleo/tela, 200 x 540 cm
S/T (Almacenes Tati, París), c.1991
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (Almacenes Tati, París), c.1991
Óleo/tela, 73 x 92 cm
Dimanche après-midi, 1992
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (Gare du Nord, París), c.1991-1992
Óleo/tela, 73 x 92 cm
Yol, yol, yol, 1991
Óleo/tela, 160 x200 cm
S/T (serie Espills d'un jardí), c.1992-1994
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (La Chapelle. París), c.1992
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (Le salon), c.1992
Óleo/tela, 114 x 146 cm
Marbout de la rue Polonceau, 1993
Óleo/tela, 73 x 92 cm
S/T (Marbouts de París), c.1993
Óleo/tela, 160 x 200 cm
S/T (Camp dans le bois de Vincennes), c.1995
Óleo/tela, 114 x 146 cm
S/T (Camp dans le bois de Vincennes), c.1995
Óleo/tela, 160 x 200 cm
Camp dans le bois de Vincennes, c.1995
Óleo/tela, 92 x 92 cm
S/T (Camp dans le bois de Vincennes), c.1995
Óleo/tela, 73 x 92 cm
Camp dans le bois de Vincennes, 1995
Óleo/tela, 73 x 92 cm